Opinion

Deisy Miguelina Yapour y Jaqueline de la Cruz

Un día recuerdo haber tratado el caso Francina Hungría por la RED, donde debí haber llamado “hijos de puta ” como 20 veces a los que criminalmente la condenaron a la oscuridad perpetua.

De manera extraña lo destacado fue el calificativo que les di a los imputados y no el delito inhumano en sí. Recuerdo que en ese momento Cerraba mi comentario preguntándome cuantas desgracias más como la de Francina, tendríamos que ver para despertar, la conciencia nacional sobre la necesidad de un cambio radical en la política de estado, respecto al sistema de seguridad ciudadana en Nuestro país. Sin embargo como todo aquí pasa ese caso también pasó y todo siguió y sigue igual.

Hoy en el marco de esa indiferente igualdad, donde a diario mueren dominicanos a manos de la delincuencia, toco la fatalidad a Jaqueline de la Cruz y a Deisy Concepción Yapour dos mujeres separadas en distancia, oficio y tiempo pero unidas por la desgracia de vivir en un país paradisiaco para la delincuencia sobre un sistema de estado ausente de consecuencias.

Y es que lamentablemente, el ordenamiento jurídico-estructural impuesto a Nuestro país, no se corresponde con el momento evolutivo que vive la sociedad dominicana, ese ordenamiento corresponde a países, no a paisajes, a naciones no de habitantes, sino de ciudadanos que alcanzaron ese nivel de desarrollo y conciencia social, después de pasar por siglos de oscurantismo inquisitorio, hasta ser refinados y perfeccionados al grado de poder recibir el regalo de poseer y ejercer derechos !

Por tanto, en esta etapa Nosotros necesitamos incorporar no el sistema garantista americano, sino el sancionador implacable de Singapour !

Eliminación pura y simple de los delincuentes, el sistema por ahora en RD necesita una purga urgente y general ! Muerte a todos estos hijos de puta pero ya !

Tal vez al igual que cuando Francina se me tilde de radical, y evocando una defensa trasnochada de derechos humanos, en ausencia de consideración del dolor ajeno ya que como no fue a su esposa, ni madre, ni hermana ni nada, a quien la fatalidad les arrebató para siempre, me dirán que la democracia no es así, pues en verdad simplemente no les importa.

En mi caso esto me duele coño en el alma, por esa familia y por mi país, razón por la que no me cansaré de pedir e impulsar el cambio en el marco jurisdiccional dominicano, predicando bajo el amparo de que ” quien viola los derechos humanos del prójimo, pierde los propios ” igual que en China o Singapour , en un proceso abreviado y directo, debemos dar muerte a los malditos delincuentes!

Que la desgracia de estas dos mujeres dominicanas de bien, que enluta a sus familias y a todo el país, motive un cambio radical no de discurso sino de acción, para que su irreparable pérdida, no se convierta en una cifra más, de las que engrosan el listado estadístico de casos de la fatalidad, que escritos con sangre inocente, por un lado sufre cada familia, cada hijo huérfano, cada viudo o cada viuda en una cruel realidad y del otro lado la irresponsabilidad estructural intenta ocultar, llamándole percepción en la sociedad .

Reflexionemos!

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